La UNLP pone en valor el Museo Samay Huasi

Buscando la resignificación del rol del museo y la valorización de su impacto en la comunidad y el territorio para posicionarlo como un actor cultural clave, la Secretaría de Arte y Cultura de la UNLP impulsó el proyecto de “Puesta en valor del Museo Samay Huasi, La Rioja”.


En el marco de este objetivo, se llevaron a cabo diversas acciones interdisciplinarias con la participación de profesionales de distintas áreas de la UNLP, tales como museología, restauración, antropología, diseño e historia del arte.

La conservación y restauración del patrimonio material constituye un componente fundamental del proyecto. Las intervenciones realizadas se centraron en la recuperación de obras patrimoniales afectadas por distintos tipos de deterioro, tanto aquellos derivados del envejecimiento natural como otros provocados por manipulaciones inadecuadas o intervenciones previas con fines correctivos, que en algunos casos ocasionaron daños irreversibles.

Preservar desde el respeto por el patrimonio

Cabe señalar que este tipo de problemáticas es común en muchas instituciones patrimoniales, ya que la restauración, hasta hace pocas décadas, se realizaba de manera artesanal e intuitiva. Su reciente academización fue clave, y en este proceso, la universidad desempeña un rol fundamental al promover el respeto por el patrimonio y su preservación para las futuras generaciones.

“En relación con las tareas realizadas, hasta el momento se concretaron dos etapas del proyecto. La primera de ellas tuvo lugar en marzo de 2024 y estuvo centrada, entre otras cosas, en la estabilización de materiales arqueológicos, con especial énfasis en la intervención de aquellos en mayor estado de vulnerabilidad como el caso del bastón de madera con figura antropomorfa, atribuido a la cultura Aguada. Se trata de una pieza singular de alto valor patrimonial, que ha sido objeto de estudio por parte de destacados investigadores. El estado de conservación era crítico: presentaba una estructura sumamente frágil, con múltiples grietas, fisuras y fragmentos desprendidos. Por ello, se procedió a su limpieza, consolidación estructural y a la aplicación de un tratamiento antifúngico, con el objetivo de prevenir futuros deterioros de origen biológico”, explicó Julieta Pellizzari, restauradora del equipo a cargo de las intervenciones, quien además es Magister en Conservación y Restauración de Bienes Culturales, restauradora en el Museo de La Plata, y docente de la facultad de Arte.

“Otra de las piezas intervenidas fue un aríbalo de cerámica incaica, que se encontraba completamente fragmentado y envuelto en papel. Se advirtieron intentos previos de restauración, aunque estos resultaron fallidos, dejando la pieza en estado fragmentario durante años, almacenada en un canasto. La intervención permitió no solo su estabilización, sino también un importante hallazgo: durante el proceso de limpieza, se reveló bajo las capas de suciedad y deterioro una policromía original sorprendentemente bien conservada, que destaca por su notable calidad técnica y valor estético”, remarcó la restauradora.

La segunda etapa del proyecto, desarrollada durante el 2025, culminó con la reinauguración del museo. Contó con la incorporaron de la Museóloga del equipo, Virginia Ramírez, en algunas tareas de restauración, y con la colaboración de Soledad Preciado y Rafael Garritano, todos trabajadores de la universidad vinculados a la conservación del patrimonio. Durante esta etapa, se llevaron a cabo restauraciones de mayor complejidad, centradas principalmente en los materiales arqueológicos seleccionados para su exhibición, con el objetivo de garantizar su adecuada conservación y puesta en valor dentro del nuevo guión museográfico.

La restauración de piezas museables es un proceso complejo que involucra multiplicidad de técnicas y materiales para la limpieza, estabilización y reposición de faltantes. “En la mayoría de las piezas de cerámicas se realizó una limpieza en seco utilizando bisturí, con lápices de fibra de vidrio, esponja abrasiva y gomas de vinilo. En la limpieza química para remover sales se utilizó ácido en bajas concentraciones y agua alcohol, en el caso de otras manchas se usaron distintos solventes aplicados por hisopo o humectación continua Se removieron los residuos de adhesivo antiguos con aplicación de calor local y solventes, aunque su remoción fue parcial, permitió algunos ajustes en desniveles. Se realizó la adhesión de fragmentos sueltos con Mowital B60 (un adhesivo específico de restauración que es reversible)”, explicó Pellizari.“Finalmente se reintegró el faltante con un estuco de cola de conejo y carbonato de calcio, o con sulfato de calcio en otros casos, para finalmente reintegrar con color sobre estos agregados, utilizando acuarela y acrílico bajo la técnica de estarcido”.

“Una vez realizado esto se procedió en algunos casos a consolidar la superficie para darle firmeza a la policromía y a la estructura. Para esto se utilizó un Paraloid B72 al 3 % disuelto en solvente, que al igual que todos los procedimientos realizados puede ser retirado y permitir una retratabilidad a futuro”, agregó la investigadora de la UNLP.

Piezas antiguas, museo nuevo

La nueva conceptualización del museo establece un vínculo discursivo entre el espacio de arqueología y la pinacoteca, lo que motivó la realización de intervenciones de restauración en pinturas, grabados y esculturas.

Entre las principales problemáticas detectadas en las obras de la pinacoteca “Antonio Alice” se registraron: desgarros en los lienzos, deformaciones en los soportes textiles, acumulación de suciedad superficial, pérdidas de capa pictórica por abrasión, faltantes y deterioros en los marcos, desprendimientos del soporte, manchas, salpicaduras de pintura, barnices envejecidos y signos de actividad biológica, especialmente en los reversos.

“En todos los casos se llevaron a cabo procedimientos de limpieza mecánica en seco y limpieza química, seleccionando el método más adecuado según la naturaleza y el tipo de suciedad presente. En algunos casos se realizaron limpiezas por aspiración, pinceles, bisturí, hisopos en otros casos. Se utilizó agua alcohol para limpieza en húmedo, solventes o detergente neutro para algunas manchas de grasitud generalmente sobre los marcos”, describió la restauradora.

En el caso de las pinturas, “se procedió al reemplazo de marcos considerados irrecuperables, así como de elementos metálicos corroídos, y se realizó el cerramiento de los reversos de las obras con el objetivo de prevenir el ingreso de agentes contaminantes, como insectos y partículas de suciedad. Asimismo, se efectuaron suturas estructurales en reversos, reintegros de volumen y de color, respetando los criterios técnicos y éticos establecidos para este tipo de intervenciones”.

Las acciones de conservación y restauración, tanto sobre materiales arqueológicos como en las obras de la pinacoteca, fueron realizadas bajo los principios de la mínima intervención, reversibilidad de los tratamientos y exhaustiva documentación técnica. Estos criterios se aplicaron con el fin de preservar la integridad material e histórica de cada pieza, asegurando su adecuada conservación a largo plazo.

“Para el 2026 está previsto realizar la tercera etapa, que incluirá los espacios exteriores de la finca”, concluyó Pellizzari.