Pablo Petrecca recorre La Matanza

Hay historias que no necesitan estadísticas. Alcanzan unos minutos de conversación para comprender el daño que deja la inseguridad cuando entra en la vida de una familia; porque una condena puede cerrar un expediente judicial, pero nunca devuelve un padre, un hijo o un ser querido.

Escuchar a Nicolás es entender que detrás de cada hecho policial hay una mesa con una silla vacía, un proyecto de vida interrumpido y una familia que aprende a convivir con una ausencia para siempre. A pesar del dolor, él y los suyos siguieron adelante y mantuvieron vivo el recuerdo de Roberto, transformando ese sufrimiento en un compromiso para que nadie más tenga que atravesar lo mismo.

La recorrida también dejó en evidencia otra realidad que se repite en muchos barrios del conurbano: vecinos y comerciantes que viven con miedo, que sienten que el Estado llegó tarde o, directamente, dejó de estar presente cuando más lo necesitaban.

"La inseguridad no se mide solamente por la cantidad de delitos. Se mide por la tranquilidad que pierde una familia, por el comerciante que ya no sabe si va a volver a su casa y por los chicos que crecen creyendo que vivir con miedo es algo normal", expresó Pablo Petrecca.

El presidente del Bloque PRO en el Senado bonaerense sostuvo que recorrer el conurbano significa escuchar, estar cerca y transformar esas historias en una agenda de trabajo concreta. "La Provincia necesita que la seguridad vuelva a ser una prioridad. No podemos resignarnos a convivir con el miedo ni acostumbrarnos a que estas tragedias formen parte de la rutina."

La historia de Roberto Sabo conmovió al país hace casi cinco años; sin embargo, el dolor de su familia sigue presente. Y como tantas otras víctimas, recuerda que detrás de cada caso hay personas que cargan para siempre con una pérdida irreparable; porque una provincia donde las familias viven con miedo es una provincia que duele y mientras ese dolor siga formando parte de la vida cotidiana de miles de bonaerenses, la seguridad deberá volver a ocupar el lugar que nunca debió perder: el de la principal responsabilidad del Estado.